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El Cristo de espaldas

Eduardo Caballero Calderón 1952

Caballero Calderón escribe desde la distancia de ser miembro de una clase dominante que siente una responsabilidad paternalista y feudal por los pobres; lo demuestra la frase cristiana con que finaliza el libro: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”. Él hace parte de una oligarquía que consideraba que su principal culpa consistía en haber utilizado a los pobres como instrumentos de su propio juego de poder, en un proceso que ocasionalmente se les había salido de las manos, pero que no se arrepentía tanto de haber creado las circunstancias que habían permitido esa utilización de los más indefensos. Tal vez el hecho de que hoy esa perspectiva resulta evidentemente anticuada sea en sí mismo un signo medianamente consolador de progreso.